Mi Camino hacia la Ciudadanía Americana

Llegué a los Estados Unidos a los 20 años, sin documentos, pero con una esperanza muy grande: obtener mi ciudadanía americana. Esa esperanza nacía del hecho de que mi padre es ciudadano estadounidense por nacimiento. Sin embargo, mi proceso migratorio no fue sencillo. En el camino, me encontré con muchas personas que me prometieron ayuda a cambio de dinero, diciendo que podían arreglar mi estatus. Confié en ellas, pero todas resultaron ser estafas.

En 1994, conocí a alguien que me dijo que el proceso era más sencillo de lo que parecía. Esta persona envió mi solicitud al Departamento de Estado, y para mi sorpresa, fue aceptada. Sin embargo, solicitaron evidencia de que mi padre había vivido en los Estados Unidos antes de los 14 años y antes de que yo naciera. Mi padre, ya mayor, tuvo muchas dificultades para conseguir esos documentos. El trámite quedó inconcluso y una vez más, perdí la esperanza.

Seguí buscando ayuda. Consulté con muchas personas, incluso con un abogado muy reconocido en San Diego. Le conté mi caso y aceptó llevarlo, siguiendo la misma línea ante el Departamento de Estado. Me cobró por obtener información del Seguro Social y del censo sobre mi padre, pero nunca hizo nada. Después de un año sin avances, pedí mis documentos y mi dinero. Me dijeron que regresara al día siguiente. Cuando volví, el abogado principal me impidió entrar a la oficina de su esposa, quien llevaba mi caso. Me entregó los papeles incompletos y me dijo que no me devolverían el dinero. Me sentí impotente, pero como muchas personas en mi situación, el miedo me paralizó.

Fue entonces cuando decidí seguir sola. Empecé a buscar información en bibliotecas, en registros públicos y en la página de Ancestry. Para mi fortuna, encontré muchos datos sobre mi padre: propiedades a su nombre, un invento que registró, información sobre sus tres hijos anteriores y sus dos matrimonios. También hallé actas de nacimiento de sus hermanos. Sabía que mi abuela era muy católica, así que pedí las actas de bautizo de mi padre en Texas, y eso resultó ser clave para mi caso.

En 2013, alguien me recomendó una oficina llamada Global Immigration Services. Fui y les conté toda mi historia, con cada detalle, cada obstáculo. Les entregué todos los documentos que había conseguido, incluyendo la notificación original del Departamento de Estado. Decidieron aplicar de nuevo. La primera vez, la aplicación fue rechazada. La segunda vez, fue aceptada.

Un mes después, me pidieron más evidencia. Global Immigration Services la consiguió y enviamos todo lo que pedían. En 2015, recibí una llamada que cambió mi vida: me pedían presentarme en el Departamento de Estado para recoger mi pasaporte.

Reflexión y Nuevo Comienzo

Mi historia me enseñó que, con perseverancia, fe y determinación, incluso las batallas más largas pueden tener un final digno. Y ahora, con mi historia tengo la oportunidad de ayudar a otros a no sentirse solos, a no ser estafados, y a creer que sí se puede.